Aullidos del fin del mundo
martes, 10 de diciembre de 2024
Exposición
domingo, 8 de diciembre de 2024
La noche más larga (4) y el día más corto (1)
Siento que me ha atropellado un camión pero después me han acogido en los brazos de una dulce madre cantándome una nana.
He sentido la oscuridad en mí. He sentido como cada parte de esa penumbra me embarraba el corazón. Se ha detenido incluso un momento. He sentido como mi lado de la cama se hundía y una gran depresión se volvía cada vez más palpable.
Solo quería poner distancia. Solo quería repeler todos mis sentimientos. Solo quería dejar de mirarte y sentir mil puñaladas por dentro. Solo pensaba constantemente en quedarme ahí toda mi vida y a la vez vivir en mi ostracismo particular.
Cuando he vuelto a sentir ese olor, todo mi ser se ha impregnado en todas las noches que te he visto. He vuelto a recordar todo el daño, todo el amor, todo el espectáculo que ha ocurrido.
Quería protegerte, quería cuidarte, quería destrozar tu secreto más oscuro. Coger una espada y ponerme a descabezar a todos tus monstruos. Ojalá pudiese hacerlo.
Pero entonces han aparecido los míos. Entonces tus demonios se han hecho grandes y me han devorado. Me han devuelto a ese día. A ese fatídico día donde mi vida perdió todo su valor. He sentido tanto miedo de revivirlo que casi siento que mi pecho se contraía en mil pedazos. Ha llegado la locura y la perdición. La oscuridad me se ha apoderado de mí y mi mundo se ha desvanecido hasta solo quedar un rastro de sangre y de cadáveres.
Y luego... ha aparecido la luz. Han aparecido tus brazos, tu voz, tus gritos, tu desesperación. La coraza ha caído y he visto al niño que tanto miedo le da ser querido. Y han venido los besos, los perdones y todo ese dolor se ha transformado en el acto más puro. Por fin, he sentido que me veías. Que yo te veía en realidad también. He sentido que aunque nada tenga sentido, tú te interpondrías. Tú serías mi escudo. Tú apostarías por mí. Aunque solo haya sido un segundo. Un vislumbro. Algo tan pequeño como un diminuto petardo que te hace sonreír. Y que esa sonrisa me llena la mía. Que tu presencia, camuflada de seguridad, es la sombra que quiero tener a mi lado. Y allí, en el mismo lugar donde quería perder la vida, minutos más tarde solo quería aferrarme a tu pecho y cerrar los ojos. El lugar más cercano a un hogar de verdad.
viernes, 22 de noviembre de 2024
Falsos testimonios
Me siento tallado en veneno. Las olas rompen y veo caer todas esas estrellas que una vez me guiaron. ¿Por qué sacrifico más de lo que debería por gente que no me da lo que necesito? Pierdo constantemente porque me ninguneáis. Soy vuestro títere al que podéis hacer bailar a vuestro son. Si lo miro con retrospectiva da igual que os dé una pierna, que nunca será suficiente. ¿Y al contrario, alguna vez alguien piensa en mí? Estoy aquí, sumido en mi oscuridad y no te dignas ni a responderme y cuando lo haces no soy más que un trapo sucio al que solo sabes escupir y tirar. Pero claro, cuando llega tu abismo... ahí sí que tengo que estar, ahí sí te transformas como si fueses un hombre lobo. No me vas a engañar con esa piel de cordero.
¿Y tú? Que me tengo que tragar todas tus embestidas, para luego tener que agachar la cabeza y volver a recibir. Es muy frustrante... y también patético. Solo os defiendo porque creo en vosotros, o creía, ya no lo tengo claro. Estoy harto de tener que anteponeros. Estoy exhausto de que siempre tengáis que ser el centro de atención. No quiero esto. No quiero montarme en una montaña rusa donde siempre me empujáis y queréis que os salve cuando viene la bajada. Todos tenemos problemas. Todos tenemos nuestros negros y nuestros blancos. Pero algunos preguntamos. Algunos nos interesamos. Algunos queremos y lo hacemos demostrándolo. ¿Qué me habéis demostrado vosotros? Que soy solo uno más, un peón a quien abatir. Al final del día solo nos tenemos a nosotros mismos, ¿cierto? Pues eso es lo que haré. Darme el espacio que necesito. Estoy cansado de ir detrás de la gente, cansado de luchar por causas perdidas, por causas que me hacéis dudar, donde me hacéis daño, donde nadie me tiende una mano hasta que es demasiado tarde, hasta que tenéis miedo de perderme. Ahí volvéis a las andadas y vuestra voz se convierte en un susurro, un maldito susurro que no soy capaz de obviar. Y caigo otra vez en vuestra trampa. Pero ahora lo sé. Ahora me doy cuenta. Porque hoy os necesito y no estáis ahí. Solo está vuestra toxicidad que se esparce por todas partes.
Esta juventud que ahora me falta es la que estáis malgastando, creyendo que es eterna, creyendo que toda la vida vais a poder hacer lo que queráis con quien queráis. Creceréis y buscaréis estabilidad. Creceréis y querréis tener amigos que os apoyen, un brazo donde llorar, un hombre en quien confiar y será demasiado tarde. Al menos, conmigo.
No he venido esta noche a venderme ni a convencer. Si no os gusto, si no me sabéis apreciar, si tan solo me queréis para los momentos buenos, yo no me quiero ni despedir. Me merezco algo mucho mejor.
jueves, 14 de noviembre de 2024
Elegía
No ensucies mi alma, por favor. No levantes la voz. Hoy mis palabras van a hablar de los dos. No me culpes de todo. No me acuses de huir.
Vayamos por parte.
¿Has oído hablar del paso del tiempo? Cada vez es más fugaz. Cada vez mis huesos pesan más. Cada vez me siento más solo, pero más unido a unos pocos. Lucho por ser. Creo que me va mejor cuando no pienso y me dejo llevar. Este año ha sido una locura. Cada semana una montaña rusa. No sé muy bien qué esperar ya, pero al menos creo que voy encontrando el camino, aunque me pierda la mayoría de veces y maldiga mi suerte. Mi yo de hace años se habría imaginado mil escenarios, y seguro que ninguno era el presente, pero al menos podría tranquilizarle y decirle que no se ha rendido, que sigue sus sueños y que no deje de confiar en mí.
¿Has oído hablar del amor? De ese sentimiento que inunda peluches, habitaciones, calles, ríos, almas... He descubierto que sé querer de muchas formas. Más y menos, con más pasión, con más tranquilidad, con ansiedad, con paz, con ilusión, con desesperación, como amigo, como hijo, como algo que no sé describir. Sigo siendo un laberinto en todo esto. A veces solo quiero gritar y otras un beso me eleva al cielo. He dejado de saber qué es querer. Solo quiero y ya está. En todas sus vertientes. Quiero y dejo de querer. Quieren y dejan de quererme. Y luego... luego está todo lo demás. Luego estás tú, que tú eres tú y el otro. Que tú eres aquel del pasado y el chico que me deja sin aliento del presente. Que tú eres ese desgraciado que me rompió el corazón y ese hombre que espero conocer algún día. Que tú soy yo, aprendiendo a quererme.
¿Has oído hablar alguna vez de esos amigos que han desaparecido? Algunos siguen cerrando los peores lugares, otros ya no están, algunos hoy ya son desconocidos y otros se han vuelto aburridos y no cuentan nada. Algunos sangran y me dejan pintado de rojo, mientras otros, por suerte, me abrazan y están ahí. Siguen ahí. Mi corazón está cansado de tanto dolor, de tantos cuchillos y de tanto drama. Solo quiere bailar. Solo quiere seguir su instinto. He aprendido que la amistad va por fases, que algunas duran una semana, otras un curso, algunos son intermitentes y otras parecen ser eternas. Supongo que es ley de vida, estar y dejar de estar. Estar y hacerlo desde la distancia. Estar y ser incondicional. Es triste ver como algunas se marchitan, como te esfuerzas tanto por alguien a quien realmente nunca le has importado. Pero es solo barro. Es solo una mancha en el camino. La verdadera amistad reside ahí y si ya no quieren estar en tu vida, quizás te están haciendo un gran favor.
Mi familia es a la que elijo yo. Y quiero como quiero, como sé querer. Y no me arrepiento. No me arrepiento de nada.
domingo, 20 de octubre de 2024
La noche más larga (3)
Eres vicio y precipicio. Estás y dejas de estarlo. Puede que seamos hermanos en el fuego y me queme tu distancia. Decido caer porque tu gravedad me distrae de mi objetivo.
Tengo frío, ahora, en tu cama. Siento tu respiración y resigo tus lunares. No suelo dejarme ver así, tan expuesto y absoluto. Sé que aquí no hay ganadores ni nadie a quien vaya a salirle las alas. Vuelvo a esta cama de inseguridades varias veces al año, aunque esta sea física y tu nombre dibuje formas que nunca llegan a ser del todo iguales.
Me muero de frío, de hambre y de amor. Mi pecho solo quiere escapar y huir de tu bipolaridad. Solo quiero volver a un refugio estable, hacerme un ovillo y llorar. Ya no sé quién soy, a dónde voy ni que cara voy a tener a partir de mañana. Todo me da vueltas y siento que siempre escojo la peor de las opciones. Me siento juzgado, herido y pequeño. Me siento tan pequeño que siempre que persigo mis latidos pienso en mi madre. Pienso en volver a sus brazos y quedarme una larga temporada allí. Pero no soy capaz ni de articularlo.
A veces pienso que la noche más larga sigue sucediendo. Siento que en cuanto levanto la cabeza la oscuridad me engulle, el cielo se rompe y mi garganta queda eclipsada por el total terror.
¿Qué hago aquí, otra vez, buscando lo imposible? Quiero hundirme y morir. Quiero dejar de sentir. Todo y nada a la vez. Quiero que su respiración vaya al mismo compás que la mía. Quiero dejar de encajar, de querer encajar. Me duelen los huesos, el tiempo y el cuerpo. Soy un completo desastre que no es capaz de disfrutar de nada.
Pincho. Soy una cama lleno de ellos. Soy una habitación sin salida. Soy una muñeca que necesita constante atención. Deja de llorar. Deja de pedir. Deja de imaginar futuros posibles que tan solo te llevan a quemarte. Siento que me quedo sin espacio, que me encojo para darle al otro más calor, más ternura y más estallidos de colores.
Me estoy muriendo. Me pego a las sábanas como un imán. Todo está lejos. Todo parece a una millonada de kilómetros desde aquí. Todos los trenes continúan sin mí, sin pensar en los que quedamos atrás. No lo soporto. No soy capaz. No soy más que un peón gobernado por reyes. Mi sacrificio, quizás, sea mi mejor jugada.
Y ahora te escucho. Te despiertas a trompicones. Te diré que me acabo de despertar, pero llevo horas de insomnio, de lucha y de desesperación.
Nada aplaca a este frío, a este glaciar ignoto. La montaña de hielo es la culminación de todos los fantasmas que me agarran del tobillo. ¿Qué haces, qué te cuentas... me vas a echar de menos? Yo no quiero ser un parche ni un amigo. Yo no quiero ser la bomba que estalla entre tanta guerra. Ahora soy un misil a propulsión. Ahora soy la tromba de agua, la lluvia eléctrica.
Déjame volver a la nada, donde nada ocurre, donde nada tiene importancia. Nada es nada y nada es mejor que ser. Porque cuando eres quieres no ser. Quieres que la nada te haga ignorante. Quieres dejar de sobrepensar.
Vienes y vas y el día parece atragantarse. Mis instintos primarios nadan por abrirse paso. El reloj corre y me da miedo no estar en el lugar correcto ni en el momento exacto.
Despiértate. Hazlo ahora. Quiero que me veas. Quiero que me analices como si fuese una ecuación. Estoy aquí, dispuesto a todo y dispuesto a nada.
Nada. Siempre es nada. Aún cuando lo apuesto todo, siempre es un viaje épico hacia la nada.
domingo, 6 de octubre de 2024
Fundido en negro
La furia que hay en mí está desbocada. Remo con todas mis fuerzas hacia un mar lleno de niebla. Este mundo me está atrapando y yo quiero deshacerme de todas las redes que me cubren. Me niego a no tomar mi propio camino, me niego a que todo esto no haya servido de absolutamente nada.
Cuando me quiero dar cuenta el tiempo ya no se mide en segundos y se convierte en arena que me cubre hasta el cuello. Hay algo en esta soledad que no está bien. Es como tener la certeza de que mi vida debería tener otro ritmo, pero solo está en un punto muerto. Siento que he luchado tantas batallas que lo único que he ganado ha sido contemplar el campo lleno de cadáveres.
Solo quiero que alguien apueste por mí. Quiero ser su caballo ganador. Quiero dejar de querer de memoria. Quiero demostrar que yo también merezco esa felicidad. Todo lo que me prometieron fue una burda mentira. Necesito romper con todo, necesito empezar a vivir y encontrar mi propia voz. Pero todo está en pausa. Todo lo que hay a mi alrededor no son más que libros, historias y pasajes que nunca me pertenecerán.
¿Dónde quedo yo en todo este caos? Qué bestia es la conclusión.
Hoy solo quiero un abrazo.
martes, 17 de septiembre de 2024
Singularidad
Todo pasa en un instante. Desde el suelo da igual que mires lejos, todo está al mismo nivel. Siento que en cualquier momento puedo derrumbarme, pero aún así lo intento. La mayor parte de las veces el suelo tiembla y mis pies deciden que no están hechos para caminar. Es posible que a veces me recree en la derrota, y es altamente posible que el pesimismo me inyecte fuerzas, pero esta noche quiero relativizar. En realidad somos igual de importantes que un grano de arena. Qué más dará lo que piensen los demás.
Mi singularidad no pasa por seguir al rebaño, pero daría lo que fuera por pertenecer unos segundos al colectivo. Siento que algo se me está pasando por alto cuando todo parece confabular con mi suerte. Sé que todo estará bien. Sé que es cuestión de dar con la tecla adecuada, de estar, como por arte de magia, en el lugar indicado. La magia, como todos sabemos, es escasa.
Hay días que soy como un lobo, sacando los dientes por hambre. La turba de gente me vuelve loco. Siento que todo este último año ha sido un espejismo. Es como haber encontrado mi lugar después de tanto tiempo. Qué corto se ha hecho. Siento que quiero más. Siento que puedo dar más. Siento que necesito que alguien se fije en mí. Aquí estoy, lleno de fuerza, desafiando mi energía.
Tengo miedo de ser invisible. De que mi oportunidad no llegue por el simple hecho de haber cogido un tren más tarde. Soy consciente de la respuesta. Sé que no se sostiene por ningún lado, pero aún así... cada vez que miro el espejo soy más consciente. Necesito distanciarme de esta idea macabra. Necesito aferrarme a algo sólido y surcar las olas. Esas olas que una vez me tragaron... ahora no es más que agua que cae como lluvia en mi piel.
Se hace detestable pasar de un estado a otro. De confiar a creer que estoy ciego y sin rumbo. Sé cuál es mi potencial. Sé que es lo que me mueve, lo que me hace feliz, aquello que muchos mueren sin averiguar. Quiero abrazar mi identidad y bailar sobre la pena.
Ya lo dije a oscuras y enterrado, pero a veces está bien repetir aquello que nos convierte en gigantes. ¡Quiero vivir!
Y no de manera obligatoria.
miércoles, 31 de julio de 2024
Milagro y desastre
Detengan todos los aviones. Detengan el viento y el mar. Detengan el tiempo.
Ya no sé si quiero bajarme aquí o flotar entre las nubes. Las turbulencias me recuerdan a mi hogar. Son heridas que sobrevuelan mi cabeza. No me hace falta más que una maleta para darme cuenta de que no soy más que piel y sangre. Si volver a casa me distancia de saber dónde encajo, recorrer otros parajes tan solo me descubre que lo que tengo es lo que soy, que no puedo arrancarme de un tirón. Que las habitaciones vacías también me representan, que los colores pasteles me devuelven a mi infancia y que el hielo más azul puede hacer grande una estancia pequeñita.
Nadie tiene tiempo para nada hasta que hacen tiempo para eso. La prioridad se elige. Estar o no estar es cuestión de elegir a tu acompañante. Desaparecer de la vida de alguien es de los maltratos más graves que existen, y aún así, los fantasmas existen. El egoísmo, el miedo o la presión acaba por dañar a uno de los dos.
Todavía quiero encajar, no sé muy bien dónde. Ahora todo cierra. Todo parece quedarse en pausa. Es tiempo de reflexión, de introspección, de escoger nuevos retos o superar antiguos baches, de crear nuevas historias y de retomar las que ya están escritas. Con tanto sol parece que las imperfecciones brillan más, pero si no es eso, será otra cosa. No podemos escondernos siempre en la sombra.
La vida a veces parece un milagro y otras un puro desastre. Aquí y ahora. Todo se vuelve más simple si tus frustraciones del pasado se quedan en los ríos del tiempo y la ansiedad del futuro deja de importar cuando sabes que aquello que no está en tus manos no puedes prevenirlo. Lo imprescindible, ahora, son estas palabras.
Mañana, ya me preocuparé por mañana.
jueves, 27 de junio de 2024
Cuando acabe el verano todo irá mejor
Suenan de fondo ruidos y verbenas. Este calor me va a matar. Ya no queda mucha gente en la ciudad. Ya no queda mucha gente en quien confiar.
Tengo lava en mis venas. Estoy lleno de cosas que estallan por dentro. Siento que recorro calles aledañas que atestiguan mi lamento. Ansío el invierno.
"Tranquilo", me dicen. "Respira", añaden.
Estoy hastiado de esperar una llamada. Harto de poner siempre la mejilla. Agotado de apoyar causas perdidas. Cansado de sonreír cuando no lo siento. Exhausto de querer pero no ser correspondido.
Me muero de rabia al dedicar toda mi atención, toda mi energía y todo mi corazón en campañas en las que solo creo yo. Lucho incansable, porque sé todo el potencial que atesoro, pero nadie lo ve, nadie me da una oportunidad. Cansa seguir remando sin un acompañante.
Y es ahora cuando más te necesito que decides empujarme al mar. Decides separar nuestros caminos y yo me ahogo en gritos. Ya no sé en quién confiar. Decida lo que decida, la suerte siempre vuela a otros tejados. En alguna parte leí que no es suerte, sino azar. Que la suerte se crea y el azar es solo una posibilidad. Pues de algún modo, voy a tener que forjar mi propia suerte.
Y ya no confío en los colores, en las primeras impresiones ni en promesas que te rompen el corazón.
Estoy tan lleno de posibilidades y tengo tantas palabras que bregan por huir de mis manos, que lo único que puedo hacer de momento es utilizar mi rabia para escribir otros tormentos. Para crear ilusiones rotas y poner en boca mis palabras en la mente de otros.
Quiero dejar de sentirme abandonado. Quiero sentirme prioritario. Quiero sentir que tengo un motivo, que estoy aquí por algo. Salí de las marañas más oscuras y juré no volver ahí, pero en momentos como estos, a veces creo que el amor, en todos sus cabales, no está hecho para mí.
Lo único que me mueve es mi pasión, y por ella, si es necesario, resistiré este verano infernal.
viernes, 31 de mayo de 2024
Esto no es un tributo
¿No lo ves? No formas parte del plan. Olvidé que ya no estás. Tu sombra me alcanza. Tus desgarros son mis clavos ardiendo. Mis plumas se prenden y el faro alumbra bien lejos.
No soy de quedarme quieto y esperar el disparo. Pero dejarme olvidar sería patético, igual que tú. Todas mis emociones nacen de la rabia y del odio. ¿Es la única forma en la que sé escribir?
No quiero sentirme un sustituto, ni quiero alargar esta noche a una tercera parte, pero tu cinismo por sí solo ya consigue que esta sombra nos ampare.
Las decisiones importantes están tomadas. De nada sirve pensar en mundos paralelos. Siempre habrá algo que no nos guste. Nunca saldremos impunes de este avispero.
Tu aguijón me atraviesa desde el pasado. Eres virulento, nocivo y tan dañino. En tus manos anidan gorriones e intentas salvarlos, pero eres un náufrago eterno con un presente varado.
Si tanto tiempo ha pasado no sé cómo tengo un recuerdo tan claro de todo tu infierno. No puedo volver, pero tampoco puedo salir huyendo.
No te estoy regalando el derecho que una vez me quitaste. Esto no va dirigido a ti. Esto es solo una despedida del dolor, un breve recordatorio de que hay algo más ahí fuera. Que un año me vuelve de hierro y que nadie merece sentirse un monstruo, cuando el monstruo es aquel que rompe las promesas y su cordura.
Creí perder mi mundo, cuando en realidad gané mi libertad. Esto no es un tributo. Esto me pertenece a mí. Soy lo que nunca vas a poder presumir.
Elijo que esto no me duele.
sábado, 20 de abril de 2024
Mísera paciencia (Puto abril)
Como un alfiler, directo a la sien. Este ruido mental... ya no quiero calmarme, ahora quiero ser un animal. Tengo el pecho hecho jirones y mi corazón a punto de estallar. Me hace daño este lugar.
El tiempo pasaba lento porque todo era difícil, y ahora, ahora que todo iba bien, ahora que todo era fácil empiezo a sangrar de nuevo. Esto no es taxativo.
Como si fueseis constelaciones, tan preciosas y tan brillantes, me sentía cómodo girando a vuestro alrededor. Pero la luz se apaga y siento terror. Otra página, tan pronto, tan de repente, tan frío.
Seguía lloviendo metralla, pero no me daba cuenta. Todo parecía en orden. Incluso el tejado parecía aguantar. Ahora no sé si ser real es suficiente. Amanezco en la misma cama todos los días y me siento un extraño. Siempre vuelve este remolino de dudas. Siempre acabo mal, con los huesos rotos y los ojos rojos. Me utilizan, constantemente. Nadie me quiere. Nadie me valora. No soy suficiente.
Y me lo digo. Me lo repito. Hago el ejercicio de pronunciar lo contrario. Pero no se hace realidad. Es como un boomerang. Todo aquello que temí una vez vuelve multiplicado y cuando menos te lo esperas. Ya no sé qué más dar de mí. Será mi actitud. Será mi visión borrosa. Por más que lo pinte de azul, todo se vuelve negro azabache.
Necesito IRME de todo lo que conozco. Me cuesta respirar. Me cuesta seguir sonriendo si cada vez que doy un paso hacia delante, el camino se derrumba delante de mí.
¡BASTA YA!
Estoy hasta los cojones de ser el último. Para todo. Para todos. PARA ABSOLUTAMENTE TODO.
domingo, 31 de marzo de 2024
De ruinas se han levantado castillos
Aunque tú no lo sepas, hoy se me despierta un instinto animal.
El día gris me trae recuerdos. Es una fecha importante para mí. Justo hace un año que te conocí. Justo hace un año que creí que las cosas podían mejorar, que había gente que era capaz de fijarse más allá.
Qué rabia no poder construir un refugio en mi cabeza con estas imágenes. Qué pena tener que recurrir al calendario para volver a reseguir esa cruz que dibujé en este preciso día.
Mi fuerza ahora reside en otros precipicios.
Todo va demasiado deprisa. No sé cuándo se cambiaron las tornas. Antes todos los segundos me parecían siglos. Ahora ya no me quiero ni mirar al espejo por miedo a verme aún más envejecido.
Siento que hay demasiadas personas que dependen de mí, y yo me canso. Yo también tengo mis límites.
Es gracioso, porque parece que ese sea tu legado. Es como si de repente nadie pudiese quererme. Es como si ese sentimiento fuese ficción. Todo es dependencia emocional. Todo es más robótico. Todo es menos humano.
Si encajar siempre fue difícil, sentir que el sitio donde perteneces está a punto de expirar me crea un agujero en el pecho que no puedo remediar.
Soy contradictorio, porque una parte de mí desea saber qué hay más allá. Pero ya crucé una vez esa barrera. Ya estoy en el más allá de mi pasado. ¿Cuántos más allá hay?
Siento que debo esforzarme el doble para llegar a donde quiero. Es como que el mundo, para algunos, ha sido un camino de rosas y siguen lanzándoles ramos allá donde van por el simple hecho de haber nacido donde han nacido. Intento hacer las cosas bien. Intento ser perfeccionista. Intento, también, dejarme llevar por mis instintos. No ser simplemente un número. Intento escribir con el corazón y no con la razón.
Necesito expandir las alas. Ya me he cubierto de barro y me he pintado de colores. Ahora necesito volar. Es como algo que sé. Simplemente sé. Es como esas voces que te dicen qué hacer. Es mi instinto suplicándome irme a un lugar mejor, donde pueda brillar, donde pueda ser yo mismo, donde no tenga que luchar a contracorriente.
Quiero dejar de montar películas en mi cabeza y hacerlas realidad.
Nunca voy a poder olvidarme de estos actos atroces. Nunca voy a poder quitarme de la cabeza los gritos, el dolor y la ansiedad. Siempre habrá un reducto en mí.
Por eso hoy te recuerdo, para que nunca se te olvide todo el daño que has hecho, para recordarme que yo estoy por encima de ti.
miércoles, 28 de febrero de 2024
Trapecista
Ha pasado un año. Es casi como un exorcismo emocional. Ahora, con un tiempo y una distancia prudencial, me doy cuenta de que el eco se hace cada vez más diminuto.
Es curioso como la ceguera puede convertirse en un campo de amapolas, para acto seguido volverse un desierto yermo, un infierno escalofriante, un lugar de paso y un sueño esponjoso y efímero.
Mi aura de protección ha desaparecido. No estoy hecho a prueba de balas, aunque me deleite hablando a mi oscuridad de los puentes rotos que he atravesado. Mi voz es firme y mis decisiones contundentes. Siento que mi camino es afilado y recto. No puedo acallar mi deseo. No puedo evitar ser yo mismo. Aprendo a disfrutar de mi rareza.
Estoy en plena metamorfosis. Aquí, bajo la superficie, la presión no se detiene. Me asepticismo me mantiene cuerdo. Todo se intensifica. Las calles se mueven, pero ya no me fijo en ellas, ya no me pregunto si algún día podré ser como ellos, yendo de un lado a otro, con un rumbo claro. Ahora no me importa, porque mi tiempo tiene importancia. Cada hora cuenta y tiene un propósito. No sé si este soy yo, en medio de todas mis circunstancias, o soy el resultado de lo que me han provocado los demás.
No es fácil encontrar el significado de tu vida. Ese camino del que todo el mundo habla, pero si lo encuentras, tu obligación es recorrerlo. Y lo he encontrado.
Siento que estoy perdiendo el control. El mundo es tan grande que me parece imposible que no haya nada que no me vuelva a hacer caer. Pero por fin siento que vuelvo a vivir.
A ratos vuelo a ras de suelo. Cuando me miente mi cabeza en lo que no pudo haber sido, dejo a las palabras correr. Entre la niebla distingo recuerdos que quedan lejos y no puedo alcanzar. En mis pesadillas nadie responde si grito. Aunque el tiempo fue cruel, sigo en pie. Aprovecharé la adrenalina para lidiar con la caída. Me mata enfrentarme a tu ausencia. Bebo con extraños para volver a creer. Mis manos, las que me ahogaban, me sonríen. Persigo constantemente la inocencia con la que nací. No pararé hasta que llegue al horizonte y abra el mar. Ya no es tarde para mí. Ya no lo es.
miércoles, 24 de enero de 2024
Está en mi sangre y en mis venas
El amor termina. Así de crudo y real. No vale la pena perder la vida por él. El amor es creer y dejar de creer. Es la energía pueril del principio y la ruptura del hechizo que lo transforma todo después de las 12. Nunca he querido una historia menor, quizás por eso las caídas duelen más, por eso las puertas cerradas constriñen más. Uno mismo puede ser el héroe y el villano a la vez.
Al final, no deja de ser una enfermedad con varias fases: Ansiedad por conseguirlo, miedo por perderlo y depresión cuando te abandona.
Desgraciadamente no me puedes borrar. Sigo aquí y lo haré incluso cuando mi recuerdo en ti ya no deje poso. Cuando todo esté oscuro y no encuentres consuelo, me verás.
Todo se tiñó de aquel color. Sin embargo... me encuentro ante otro tipo de miedo. El de haber encontrado un lugar seguro, donde quiero estar, pero que tiene fecha de caducidad. ¿Qué habrá después? Solo puedo conjeturar y creer que me podré sentir igual de bien que ahora en un futuro, en otro lugar, con la misma gente o con personas nuevas. Siento que debo exprimir esta experiencia al máximo, antes de que se me escape de las manos. Pero tengo la certeza de que si después de tantas tinieblas he logrado encontrar un faro de luz, significa que hay más de uno. Y esa es mi misión, alumbrar el camino y conquistar todos los faros que pueda.
La insatisfacción de tener lo impensado y descansar como los muertos es algo asfixiante. Es casi como el testamento de una decepción. Como si tu anatomía inundase toda la ciudad. Albergo esperanzas. Tengo la mirada puesta en otros rumbos. Tengo fe en mi valía y en la suerte que construyo. Y en el tren. En el tren que estamos construyendo, creando, maquinando, poniendo en marcha. Este tren nos va a llevar hasta las estrellas.
Enero nunca fue tan feliz y tan incierto.