Aullidos del fin del mundo

martes, 10 de diciembre de 2024

Exposición

¿Por qué cada vez que vuelvo siento como si pudiese ser la última vez? ¿Dónde se esconde la seguridad que reside cada vez que te miro al caer el sol? 

Y ahora... solo siento miedo al exponerme. Siento vergüenza, presión y una torpeza que se me escapa de las manos. Has hecho cosas tan difíciles que es casi imposible averiguar por qué siento que se me cae el mundo cuando tengo que estar delante de un desconocido. Me siento juzgado. Me siento imperfecto. Siento que mi camino no está hecho de baldosas amarillas. Siento que necesito un abrazo constante hasta asfixiarme y cerrar los ojos. Sé que esto es temporal, que no durará siempre, pero quiero ahogar mi grito cada vez que se acerca. Al final, los dos sentimientos se parecen. Son como dos caras de la misma moneda. Quiero controlar a uno, pero sé que no debo. Y en cambio, quiero no dejar controlarme por mi miedo más intrínseco, pero lo hago, como si fuese un cachorro apaleado. Por ti... por mí... quiero poner los puntos sobre las íes. Relativiza, por favor.

Me gustaría poder enfrascar esta dicha, esta sensación de invulnerabilidad que puede con todo. Sé que todo es cambiante y que mi cabeza a veces me juega malas pasadas, pero en instantes como este, cuando está todo a punto de saltar por los aires, me crezco. Siento que todas las partes son simétricas y que el camino por el que ando es el único que valía la pena. Mi corazón está lleno de cicatrices y de recuerdos. Bombea como el caballo ganador. Y cuando me acerco a ti, no no, cuando tan solo me vienes a la mente... todo se ilumina, todo parece cobrar vida y color. Puedo ir a la velocidad de la luz y contemplar la belleza del universo. Lo sé porque ya lo había vivido. Lo sé porque siempre es distinto, cambiante, diferente, pero tiene un nexo de unión. Es difícil de explicar, pero el mundo se impregna de primaveras sempiternas y yo, al borde de mis pequeños abismos, soy capaz de abrir las alas y dejarme caer, porque aunque no tenga la certeza de que estarás ahí, saber que estás, que existes, que compartimos el mismo espacio me es suficiente para confiar. Y me dejo llevar. Me dejo llevar porque es la única fuente de valentía de la que puedo beber. Es como si mi cabeza se hubiese vuelto idiota. Como si tu nombre resonase como un eco en cada calle que cruzo. Es un sentimiento tan espeluznante a la vez que mágico. Quiero hacer todas las locuras inimaginables. Y vivo. Aunque suene seco y frío, vivo. Una palabra tan diminuta que a mi me vuelve un gigante. Algo tan sencillo como vivir es mucho más fácil si puedes abrazar ese calor que desprendes a kilómetros. 

Aunque no sepa qué hago, hacia dónde voy o quién narices soy. Aunque no sepa ni lo que siento del todo. Todo cobra más sentido si cuento contigo.

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