Aullidos del fin del mundo

domingo, 23 de febrero de 2025

Soy de un pueblo pequeño

 Es como haber vivido distintas vidas en tan solo unos meses. De repente todo y de golpe nada. He aprendido tanto que siento que estoy preparado para lo que tenga que venir. Ahora que he vuelto a la normalidad siento que lo único que me separa de mis sueños no es más que el miedo a aprovechar las oportunidades.  He saboreado las mieles de mi futuro, incierto y lleno de dudas; he pasado por un lugar de élite donde todos miraban por sus ombligos y he sobrevivido, después tuve que ser capaz de apañármelas solo, sin la ayuda de nadie a pecho descubierto frente a mil hienas carroñeras. He estado en un lugar por mis propios méritos, donde he descubierto la generosidad de la gente, lo rápido que es volver a formar una familia y lo rápido que es volver a destruirla. He podido ser testigo de la evolución de alguien que tan solo quería vivir en su oscuridad y que ahora es él quien me aporta luz. Y ahora estoy donde mi yo de hace 10 años quería haber iniciado su carrera y lo único que siento es... prisa, prisa por volver a vivir un cambio. Prisa por empezar de verdad mi vida. Porque está ahí. Puedo olerla. Tan solo necesito estabilidad.

No, no quiero dártelo todo, para que así te sigan sobrando las ganas y quieras más.

No me importaría estar en cualquier otro lugar si fuese contigo. Siento que te has abierto, que he conseguido penetrar dentro de ti. Toda esa fachada de chico duro cae por su propio peso. Por fin puedo decirte todo lo que siento por ti sin que eches a correr. Ya no me sale huir de ti. No quiero alejarme. Me sale ponerme delante y bloquear todas las balas que te disparen. Es demencial lo mucho que te quiero, porque me hace tener miedo, me hace planteármelo todo, pero también me hace querer comerme el mundo a bocados. Mis niveles de dopamina están al alza y mi cabeza solo escucha un nombre como quien está en el desierto y solo piensa en beber. Aunque esté en la tormenta, lo que siento ruge con más fuerza. Por fin te arriesgas. Por fin ganas. Por fin me siento seguro.

Soy de un pueblo pequeño que se cree ciudad. Ha visto mis cicatrices y me ha señalado sin remordimientos. Esto ha sido mi casa, mi hogar, mi refugio. Pero ya no es el único.


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