Aullidos del fin del mundo

viernes, 7 de noviembre de 2025

Los que nos quedamos

 No sé muy bien dónde me he quedado. Es casi como ser un onironauta que viaja todas las noches entre imágenes desdibujadas.

En una sola semana he pasado de perder a un ser querido a cumplir mi sueño. Qué irónica es la vida cuando quiere. 

Supongo que todo debe de suceder por una razón. Lo he notado, dentro de mí no he parado de recibir señales, como si se tratase de una película escrita ya por alguien. Y ahora, por fin, el que va a estrenar algo que ha escrito soy yo. El niño que lo único que quería era refugiarse en su imaginación ha sido visto, le han señalado y le han abrazado. El abrazo más cálido de todos. Soy tan feliz. Por una vez, siento que tengo suerte. Pero no es suerte, es trabajo y constancia. Es dedicación. Es perseguir mis metas sin dudar, o dudando miles de veces pero siguiendo,  sin desprestigiar de todo aquello que me decían los que no creían en mí.

Ya no solo es sentirme validado, es sentirme realizado. Una oportunidad, un trabajo nuevo, un amor duradero y un largo camino que con mucha ilusión voy a pisar fuerte a cada paso que dé.

Y un año más, soplando de nuevo las velas, con decenas de personitas moviéndose a mi alrededor, compartiendo momentos con gente que sé que siempre va a estar a mi lado y gente, que aunque no esté físicamente, están presentes.


lunes, 13 de octubre de 2025

Es mejor cuando nadie muere en el intento

Por un momento he visto la luz. La he visto en una tienda llena de cosas de Halloween. Entre vasos en forma de calavera y telarañas más oscuras que la noche. Allí, entre esos pasillos, he tenido la esperanza de que sí hay una salida. Es como si me hubiese desquitado de la melancolía. Como si todo fuese una coreografía. Como si el frío de octubre me empujase a una nueva salida. No pasó nada espectacular, no hubo redención, no hubo suerte, solo... solo que en ese momento, allí, a su lado, entre amigos, en una ciudad ya conocida, en mi época preferida, después de llamar a algunas puertas con valentía, simplemente me di cuenta de que es posible la posibilidad. De que ahí fuera quizás en algún momento pueda funcionar. 

Y lo sé, luego me comparo, luego me vuelvo un rollito de primavera mientras me digo todas las cosas malas que se me ocurren de mí, pero no en ese momento. Ya no queda nada para volver a sentir ese gusanillo de que el mundo vuelve a dar vueltas. El calendario vuelve a gritarme que estoy vivo y que si la última vez no pudo ser, esta vez lo será. Debo aferrarme a ese sentimiento. 

Quiero deshacerme de este despiadado universo que me envuelve y darle la mano a la música, al violín, al piano, a su voz. Solo a su voz y a la mía. Y acompañarla de música, no de la que sale de mis cascos. La música del viento, de las pisadas, del sonido al girar una vieja página.

Hoy decido caer en paracaídas. 

miércoles, 20 de agosto de 2025

La noche infinita

 Por dónde empezar...

Imagina que te atropellan y nadie se da cuenta. Un camión te pasa por encima como si nada. Después lo hacen varios coches, motos y bicicletas. Tu cuerpo, un andrajo, se muta con el asfalto. Y es entonces cuando un meteorito cae exactamente en tu posición, para darle un toque cómico a la situación.

Quiero abrirme el corazón. Me rindo. Aquí y ahora. Dejo de creer en el amor. No pienso darle más crédito a este triste y estúpido órgano que late por inercia. 

Volvemos al punto de partida. A la cobardía, al esconderse detrás de un mensaje, de una voz, de otra máscara más. Me he cansado de ser bueno. Es que no puedo más. Es que es la misma situación, por tercera vez consecutiva. ¿Cómo se supone que voy a quererme si todas aquellas personas a las que les otorgo mi propia esencia me dan la espalda? ¿Qué dice eso de mí, que soy un ser monstruoso, que doy asco, que no estoy haciendo las cosas bien? Es que... estoy maldito. Estoy solo. Lo voy a estar siempre y no puedo confiar en nadie. No quiero otorgarle ese poder a las personas, de que me rompan por la mitad, de que me lancen a los tiburones y me muerdan las entrañas. 

¿Cómo tienes la osadía de arrebatarme un año de mi vida? Me esfuerzo, me sacrifico, me dejo la piel y para qué, para terminar llorando por las esquinas. Sí, ahora mismo me quiero morir, por suerte no es la primera vez que estoy aquí. Por suerte esta oscuridad es tan amiga mía que es como si fuésemos hermanos. Superé la depresión, superé a la tristeza, superé el querer y no ser correspondido, superé el no ver un futuro, superé la parálisis, el no poder salir de casa, el que todo lo que he estudiado no ha servido para nada, superé el bullying, superé la vergüenza a ser yo mismo... no te voy a dar la potestad de volver a hurgar en la herida. 

Todo, absolutamente todo lo que he hecho por ti cae en saco roto. Me acabo de dar cuenta de que quizás han saltado todas las alarmas y es algo positivo, es algo que me hace abrir los ojos. Yo merezco más. MUCHO MÁS. 

Es tanta la rabia que tengo que es como si todo a mi alrededor estuviese en llamas. No hay nadie a quién acudir, porque todo es pasto del fuego. Grité contigo, me arriesgué contigo, te elegí como mi número uno, y yo no fui más que el último de la lista. Basta ya de hacer tanto por todos. No os lo merecéis. No tenéis la más mínima responsabilidad afectiva.

¿Y sabes lo peor? De repente se da cuenta de que me quiere, de que todas las dudas se han esfumado de su cabeza. ¿Cómo vas a cambiar del 0 al 100 en dos horas? Solo se preocupa por mí cuando me ve en la miseria. En la mismísima mierda. Es absurdo pensar que esto tiene algún sentido. Es absurdo darle coba a un pensamiento que me oprime el pecho. CÁLLATE. No quiero querer. No quiero sentir nada. Si nadie me da una oportunidad, que así sea. Cuando salga de aquí, cuando por fin pueda sonreír y ser feliz os daréis cuenta de la persona a la que habéis perdido.

¿No ves que ya no respiro? Se acabó la puta noche eterna. 

viernes, 18 de julio de 2025

Avituallamiento no deseado

Si pudiese dejar de sentir esta presión en el pecho a cada paso que doy quizás podría encontrar algo de paz. Sigo recorriendo a ciegas un camino que se ha desdibujado. Ya no hay una meta a la que quiera llegar, no hay sueños que perseguir ni un hálito de esperanza que me deje dormir tranquilo. Siento que mi salud mengua con cada batacazo que doy. 

No puedo evitar culparme a mí, como causante de todos los males, ya no solo los míos, también los del mundo entero. Es como si fuese un agujero de gusano y cualquier cosa que se acercara a mí se succionase hasta el infinito. Me siento solo encerrado por dentro. Me siento tan perdido, como un iglú sin primavera, como si el tiempo no tuviese otro propósito más que el de atraparme en lo más profundo.

¿Cómo no voy a rendirme si el cielo se ha caído a mis pies? ¿Cómo voy a resistir las embestidas del dolor más lacerante? ¿Cómo se supone que debo levantarme cuando parezco el glitch de algún videojuego?

Es rabia contenida. Quiero acercarme a la pared y malmeterle un puñetazo. Siento como todo mi potencial desaparece. Siento como toda la confianza que tengo se está desmoronando. Aunque nadie lo viese, yo lo veía. Yo lo creía. Yo sabía que podía llegar hasta el final. Y ahora... ahora no lo sé. Ahora no sé ni quién soy. Siguen negándome oportunidades y por ende, no puedo evitar negarme a mí mismo la dulce voz de aquel niño que me animaba a seguir.

Es como si siempre estuviese en mi peor momento. Es como si esas bestias gigantes fuesen imbatibles. Como si al final, yo no fuese el héroe de la historia; más solo una simple página de ese libro que resulta ser la biografía de alguien más fuerte, más listo y más feliz. Quizás soy la Elpahaba de mi propio cuento.

Me siento como en un sofá eterno, me hundo y no tengo fuerzas para levantarme. No puedo parar de pensar en huir de todo. No puedo parar de encontrar oscuridad. No quiero seguir así. No quiero enterrar mis alas. No quiero dejar de ilusionarme por cosas efímeras. No quiero crecer. Así, no.

viernes, 16 de mayo de 2025

I'm done with this system

 Seguiré aborreciendo las voces, agotando mis posibilidades, rompiendo todo aquello que creía con certeza. Es un mundo de traidores e injusticia. Estoy cansado de luchar por las razones equivocadas. ¿De verdad tengo que seguir escondiéndome en las sombras para tener una oportunidad? Me apetece quemarlo todo. Me apetece que todo arda hasta los escombros. Me apetece disparar a todos esos ángeles con alas de carbón.

Supongo que todo este ruido a veces son malas decisiones. Son intento fallidos que debía cometer para hacerme ver que esta vida no es más que un tablero gigante que solo intenta hundirme con sus dados. ¿Me he sacrificado para qué? Para llorar, para sufrir, para seguir estando en un hoyo de incertidumbre. Odio estar aquí. Odio vivir en este lugar. Odio haber hecho trizas mi oportunidad por amor. Odio no haber podido tener voz en mi destino, haber podido escoger mis batallas y que lo hayan hecho otros por mí. ¿Y la respuesta a todo? Que sigo aquí, en le casilla número uno. En la misma desidia que me atormenta todas las noches. Incluso tengo pinchazos en el pecho de esta ansiedad que me está matando paulatinamente.

Si nadie va a pensar en mí, quizás es hora de que yo lo haga.

Ojalá un meteorito lo destruyese todo como mis pobres dinosaurios. Quizás sería la única forma de tener una oportunidad de destronar a los tramposos. Cuando alguien me vea, será demasiado tarde. Pero os lo advertí. Siempre lo hice.

martes, 29 de abril de 2025

Estoy lleno de rabia

Debería estar brillando. Debería haber dejado de doler. Debería haberlo dejado atrás. Debería estar escribiendo. Debería no esperar más. Debería no pasarme la vida llorando.

sábado, 22 de marzo de 2025

Seguiré buscándolo toda mi vida

 Busco un centro de gravedad permanente, como si fuese un náufrago que grita sin respuesta. Es todo confuso cuando la vida gira entorno a un reloj y ocho horas perdidas al día. ¿Tanta lucha para tener que estar detrás de un probador? No sé... hay algo que no funciona bien y no sé qué es. Es posible que siga esperando un alud de respuestas antes de irme a dormir. Es como si el mundo estuviese dividido entre ciencia ficción y fantasía. Todo lo bueno solo ocurre cuando escapo, todo lo que vale la pena se me escurre entre los dedos. Desearía poder haberme dado cuenta antes de lo peligroso que es soñar en vano.

Sí, claro, ahora no me encuentro solo, pero sigo teniendo el mismo miedo de siempre. A medida que avanzo me importa menos lo que piensen pero más en lo que me estoy convirtiendo. Y ahora ya no sé en qué he evolucionado. Ahora no sé donde está la meta o la salida. Ahora todo da vueltas y lo único que hago es sobrevivir sin preguntarme si estoy bien, si puedo hacer algo más... ahora lo único que quiero es lo que todos quieren, irme de aquí, tener mi libertad, no depender de nadie, aunque sea a costa de sacrificar todo el esfuerzo que me llevó salir de ahí. Es una terrible decisión. Cada vez que lo pienso se me nubla el juicio y pienso que mi corazón va a jugarme una mala pasada. ¿Me estoy decepcionando? ¿Me estoy rindiendo ante lo que siempre juré no escuchar? Solo quiero tiempo. Solo quiero una oportunidad. Solo quiero la justicia que me fue arrebatada.

Tengo miedo de que esto no tenga un final. Tengo miedo de que esté buscando esto toda mi vida. Al menos, no esperarlo solo es lo único que me otorga algo de calma. Al menos, de momento, mañana seguirá saliendo el sol.

domingo, 23 de febrero de 2025

Soy de un pueblo pequeño

 Es como haber vivido distintas vidas en tan solo unos meses. De repente todo y de golpe nada. He aprendido tanto que siento que estoy preparado para lo que tenga que venir. Ahora que he vuelto a la normalidad siento que lo único que me separa de mis sueños no es más que el miedo a aprovechar las oportunidades.  He saboreado las mieles de mi futuro, incierto y lleno de dudas; he pasado por un lugar de élite donde todos miraban por sus ombligos y he sobrevivido, después tuve que ser capaz de apañármelas solo, sin la ayuda de nadie a pecho descubierto frente a mil hienas carroñeras. He estado en un lugar por mis propios méritos, donde he descubierto la generosidad de la gente, lo rápido que es volver a formar una familia y lo rápido que es volver a destruirla. He podido ser testigo de la evolución de alguien que tan solo quería vivir en su oscuridad y que ahora es él quien me aporta luz. Y ahora estoy donde mi yo de hace 10 años quería haber iniciado su carrera y lo único que siento es... prisa, prisa por volver a vivir un cambio. Prisa por empezar de verdad mi vida. Porque está ahí. Puedo olerla. Tan solo necesito estabilidad.

No, no quiero dártelo todo, para que así te sigan sobrando las ganas y quieras más.

No me importaría estar en cualquier otro lugar si fuese contigo. Siento que te has abierto, que he conseguido penetrar dentro de ti. Toda esa fachada de chico duro cae por su propio peso. Por fin puedo decirte todo lo que siento por ti sin que eches a correr. Ya no me sale huir de ti. No quiero alejarme. Me sale ponerme delante y bloquear todas las balas que te disparen. Es demencial lo mucho que te quiero, porque me hace tener miedo, me hace planteármelo todo, pero también me hace querer comerme el mundo a bocados. Mis niveles de dopamina están al alza y mi cabeza solo escucha un nombre como quien está en el desierto y solo piensa en beber. Aunque esté en la tormenta, lo que siento ruge con más fuerza. Por fin te arriesgas. Por fin ganas. Por fin me siento seguro.

Soy de un pueblo pequeño que se cree ciudad. Ha visto mis cicatrices y me ha señalado sin remordimientos. Esto ha sido mi casa, mi hogar, mi refugio. Pero ya no es el único.