Seguiré aborreciendo las voces, agotando mis posibilidades, rompiendo todo aquello que creía con certeza. Es un mundo de traidores e injusticia. Estoy cansado de luchar por las razones equivocadas. ¿De verdad tengo que seguir escondiéndome en las sombras para tener una oportunidad? Me apetece quemarlo todo. Me apetece que todo arda hasta los escombros. Me apetece disparar a todos esos ángeles con alas de carbón.
Supongo que todo este ruido a veces son malas decisiones. Son intento fallidos que debía cometer para hacerme ver que esta vida no es más que un tablero gigante que solo intenta hundirme con sus dados. ¿Me he sacrificado para qué? Para llorar, para sufrir, para seguir estando en un hoyo de incertidumbre. Odio estar aquí. Odio vivir en este lugar. Odio haber hecho trizas mi oportunidad por amor. Odio no haber podido tener voz en mi destino, haber podido escoger mis batallas y que lo hayan hecho otros por mí. ¿Y la respuesta a todo? Que sigo aquí, en le casilla número uno. En la misma desidia que me atormenta todas las noches. Incluso tengo pinchazos en el pecho de esta ansiedad que me está matando paulatinamente.
Si nadie va a pensar en mí, quizás es hora de que yo lo haga.
Ojalá un meteorito lo destruyese todo como mis pobres dinosaurios. Quizás sería la única forma de tener una oportunidad de destronar a los tramposos. Cuando alguien me vea, será demasiado tarde. Pero os lo advertí. Siempre lo hice.
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