Aullidos del fin del mundo

viernes, 22 de noviembre de 2024

Falsos testimonios

 Me siento tallado en veneno. Las olas rompen y veo caer todas esas estrellas que una vez me guiaron. ¿Por qué sacrifico más de lo que debería por gente que no me da lo que necesito? Pierdo constantemente porque me ninguneáis. Soy vuestro títere al que podéis hacer bailar a vuestro son. Si lo miro con retrospectiva da igual que os dé una pierna, que nunca será suficiente. ¿Y al contrario, alguna vez alguien piensa en mí? Estoy aquí, sumido en mi oscuridad y no te dignas ni a responderme y cuando lo haces no soy más que un trapo sucio al que solo sabes escupir y tirar. Pero claro, cuando llega tu abismo... ahí sí que tengo que estar, ahí sí te transformas como si fueses un hombre lobo. No me vas a engañar con esa piel de cordero.

¿Y tú? Que me tengo que tragar todas tus embestidas, para luego tener que agachar la cabeza y volver a recibir. Es muy frustrante... y también patético. Solo os defiendo porque creo en vosotros, o creía, ya no lo tengo claro. Estoy harto de tener que anteponeros. Estoy exhausto de que siempre tengáis que ser el centro de atención. No quiero esto. No quiero montarme en una montaña rusa donde siempre me empujáis y queréis que os salve cuando viene la bajada. Todos tenemos problemas. Todos tenemos nuestros negros y nuestros blancos. Pero algunos preguntamos. Algunos nos interesamos. Algunos queremos y lo hacemos demostrándolo. ¿Qué me habéis demostrado vosotros? Que soy solo uno más, un peón a quien abatir. Al final del día solo nos tenemos a nosotros mismos, ¿cierto? Pues eso es lo que haré. Darme el espacio que necesito. Estoy cansado de ir detrás de la gente, cansado de luchar por causas perdidas, por causas que me hacéis dudar, donde me hacéis daño, donde nadie me tiende una mano hasta que es demasiado tarde, hasta que tenéis miedo de perderme. Ahí volvéis a las andadas y vuestra voz se convierte en un susurro, un maldito susurro que no soy capaz de obviar. Y caigo otra vez en vuestra trampa. Pero ahora lo sé. Ahora me doy cuenta. Porque hoy os necesito y no estáis ahí. Solo está vuestra toxicidad que se esparce por todas partes.

Esta juventud que ahora me falta es la que estáis malgastando, creyendo que es eterna, creyendo que toda la vida vais a poder hacer lo que queráis con quien queráis. Creceréis y buscaréis estabilidad. Creceréis y querréis tener amigos que os apoyen, un brazo donde llorar, un hombre en quien confiar y será demasiado tarde. Al menos, conmigo.

No he venido esta noche a venderme ni a convencer. Si no os gusto, si no me sabéis apreciar, si tan solo me queréis para los momentos buenos, yo no me quiero ni despedir. Me merezco algo mucho mejor.

jueves, 14 de noviembre de 2024

Elegía

 No ensucies mi alma, por favor. No levantes la voz. Hoy mis palabras van a hablar de los dos. No me culpes de todo. No me acuses de huir.

Vayamos por parte.

¿Has oído hablar del paso del tiempo? Cada vez es más fugaz. Cada vez mis huesos pesan más. Cada vez me siento más solo, pero más unido a unos pocos. Lucho por ser. Creo que me va mejor cuando no pienso y me dejo llevar. Este año ha sido una locura. Cada semana una montaña rusa. No sé muy bien qué esperar ya, pero al menos creo que voy encontrando el camino, aunque me pierda la mayoría de veces y maldiga mi suerte. Mi yo de hace años se habría imaginado mil escenarios, y seguro que ninguno era el presente, pero al menos podría tranquilizarle y decirle que no se ha rendido, que sigue sus sueños y que no deje de confiar en mí.

¿Has oído hablar del amor? De ese sentimiento que inunda peluches, habitaciones, calles, ríos, almas... He descubierto que sé querer de muchas formas. Más y menos, con más pasión, con más tranquilidad, con ansiedad, con paz, con ilusión, con desesperación, como amigo, como hijo, como algo que no sé describir. Sigo siendo un laberinto en todo esto. A veces solo quiero gritar y otras un beso me eleva al cielo. He dejado de saber qué es querer. Solo quiero y ya está. En todas sus vertientes. Quiero y dejo de querer. Quieren y dejan de quererme. Y luego... luego está todo lo demás. Luego estás tú, que tú eres tú y el otro. Que tú eres aquel del pasado y el chico que me deja sin aliento del presente. Que tú eres ese desgraciado que me rompió el corazón y ese hombre que espero conocer algún día. Que tú soy yo, aprendiendo a quererme.

¿Has oído hablar alguna vez de esos amigos que han desaparecido? Algunos siguen cerrando los peores lugares, otros ya no están, algunos hoy ya son desconocidos y otros se han vuelto aburridos y no cuentan nada. Algunos sangran y me dejan pintado de rojo, mientras otros, por suerte, me abrazan y están ahí. Siguen ahí. Mi corazón está cansado de tanto dolor, de tantos cuchillos y de tanto drama. Solo quiere bailar. Solo quiere seguir su instinto. He aprendido que la amistad va por fases, que algunas duran una semana, otras un curso, algunos son intermitentes y otras parecen ser eternas. Supongo que es ley de vida, estar y dejar de estar. Estar y hacerlo desde la distancia. Estar y ser incondicional. Es triste ver como algunas se marchitan, como te esfuerzas tanto por alguien a quien realmente nunca le has importado. Pero es solo barro. Es solo una mancha en el camino. La verdadera amistad reside ahí y si ya no quieren estar en tu vida, quizás te están haciendo un gran favor.


Mi familia es a la que elijo yo. Y quiero como quiero, como sé querer. Y no me arrepiento. No me arrepiento de nada.