Aullidos del fin del mundo

lunes, 13 de octubre de 2025

Es mejor cuando nadie muere en el intento

Por un momento he visto la luz. La he visto en una tienda llena de cosas de Halloween. Entre vasos en forma de calavera y telarañas más oscuras que la noche. Allí, entre esos pasillos, he tenido la esperanza de que sí hay una salida. Es como si me hubiese desquitado de la melancolía. Como si todo fuese una coreografía. Como si el frío de octubre me empujase a una nueva salida. No pasó nada espectacular, no hubo redención, no hubo suerte, solo... solo que en ese momento, allí, a su lado, entre amigos, en una ciudad ya conocida, en mi época preferida, después de llamar a algunas puertas con valentía, simplemente me di cuenta de que es posible la posibilidad. De que ahí fuera quizás en algún momento pueda funcionar. 

Y lo sé, luego me comparo, luego me vuelvo un rollito de primavera mientras me digo todas las cosas malas que se me ocurren de mí, pero no en ese momento. Ya no queda nada para volver a sentir ese gusanillo de que el mundo vuelve a dar vueltas. El calendario vuelve a gritarme que estoy vivo y que si la última vez no pudo ser, esta vez lo será. Debo aferrarme a ese sentimiento. 

Quiero deshacerme de este despiadado universo que me envuelve y darle la mano a la música, al violín, al piano, a su voz. Solo a su voz y a la mía. Y acompañarla de música, no de la que sale de mis cascos. La música del viento, de las pisadas, del sonido al girar una vieja página.

Hoy decido caer en paracaídas.