Por dónde empezar...
Imagina que te atropellan y nadie se da cuenta. Un camión te pasa por encima como si nada. Después lo hacen varios coches, motos y bicicletas. Tu cuerpo, un andrajo, se muta con el asfalto. Y es entonces cuando un meteorito cae exactamente en tu posición, para darle un toque cómico a la situación.
Quiero abrirme el corazón. Me rindo. Aquí y ahora. Dejo de creer en el amor. No pienso darle más crédito a este triste y estúpido órgano que late por inercia.
Volvemos al punto de partida. A la cobardía, al esconderse detrás de un mensaje, de una voz, de otra máscara más. Me he cansado de ser bueno. Es que no puedo más. Es que es la misma situación, por tercera vez consecutiva. ¿Cómo se supone que voy a quererme si todas aquellas personas a las que les otorgo mi propia esencia me dan la espalda? ¿Qué dice eso de mí, que soy un ser monstruoso, que doy asco, que no estoy haciendo las cosas bien? Es que... estoy maldito. Estoy solo. Lo voy a estar siempre y no puedo confiar en nadie. No quiero otorgarle ese poder a las personas, de que me rompan por la mitad, de que me lancen a los tiburones y me muerdan las entrañas.
¿Cómo tienes la osadía de arrebatarme un año de mi vida? Me esfuerzo, me sacrifico, me dejo la piel y para qué, para terminar llorando por las esquinas. Sí, ahora mismo me quiero morir, por suerte no es la primera vez que estoy aquí. Por suerte esta oscuridad es tan amiga mía que es como si fuésemos hermanos. Superé la depresión, superé a la tristeza, superé el querer y no ser correspondido, superé el no ver un futuro, superé la parálisis, el no poder salir de casa, el que todo lo que he estudiado no ha servido para nada, superé el bullying, superé la vergüenza a ser yo mismo... no te voy a dar la potestad de volver a hurgar en la herida.
Todo, absolutamente todo lo que he hecho por ti cae en saco roto. Me acabo de dar cuenta de que quizás han saltado todas las alarmas y es algo positivo, es algo que me hace abrir los ojos. Yo merezco más. MUCHO MÁS.
Es tanta la rabia que tengo que es como si todo a mi alrededor estuviese en llamas. No hay nadie a quién acudir, porque todo es pasto del fuego. Grité contigo, me arriesgué contigo, te elegí como mi número uno, y yo no fui más que el último de la lista. Basta ya de hacer tanto por todos. No os lo merecéis. No tenéis la más mínima responsabilidad afectiva.
¿Y sabes lo peor? De repente se da cuenta de que me quiere, de que todas las dudas se han esfumado de su cabeza. ¿Cómo vas a cambiar del 0 al 100 en dos horas? Solo se preocupa por mí cuando me ve en la miseria. En la mismísima mierda. Es absurdo pensar que esto tiene algún sentido. Es absurdo darle coba a un pensamiento que me oprime el pecho. CÁLLATE. No quiero querer. No quiero sentir nada. Si nadie me da una oportunidad, que así sea. Cuando salga de aquí, cuando por fin pueda sonreír y ser feliz os daréis cuenta de la persona a la que habéis perdido.
¿No ves que ya no respiro? Se acabó la puta noche eterna.