Todo pasa en un instante. Desde el suelo da igual que mires lejos, todo está al mismo nivel. Siento que en cualquier momento puedo derrumbarme, pero aún así lo intento. La mayor parte de las veces el suelo tiembla y mis pies deciden que no están hechos para caminar. Es posible que a veces me recree en la derrota, y es altamente posible que el pesimismo me inyecte fuerzas, pero esta noche quiero relativizar. En realidad somos igual de importantes que un grano de arena. Qué más dará lo que piensen los demás.
Mi singularidad no pasa por seguir al rebaño, pero daría lo que fuera por pertenecer unos segundos al colectivo. Siento que algo se me está pasando por alto cuando todo parece confabular con mi suerte. Sé que todo estará bien. Sé que es cuestión de dar con la tecla adecuada, de estar, como por arte de magia, en el lugar indicado. La magia, como todos sabemos, es escasa.
Hay días que soy como un lobo, sacando los dientes por hambre. La turba de gente me vuelve loco. Siento que todo este último año ha sido un espejismo. Es como haber encontrado mi lugar después de tanto tiempo. Qué corto se ha hecho. Siento que quiero más. Siento que puedo dar más. Siento que necesito que alguien se fije en mí. Aquí estoy, lleno de fuerza, desafiando mi energía.
Tengo miedo de ser invisible. De que mi oportunidad no llegue por el simple hecho de haber cogido un tren más tarde. Soy consciente de la respuesta. Sé que no se sostiene por ningún lado, pero aún así... cada vez que miro el espejo soy más consciente. Necesito distanciarme de esta idea macabra. Necesito aferrarme a algo sólido y surcar las olas. Esas olas que una vez me tragaron... ahora no es más que agua que cae como lluvia en mi piel.
Se hace detestable pasar de un estado a otro. De confiar a creer que estoy ciego y sin rumbo. Sé cuál es mi potencial. Sé que es lo que me mueve, lo que me hace feliz, aquello que muchos mueren sin averiguar. Quiero abrazar mi identidad y bailar sobre la pena.
Ya lo dije a oscuras y enterrado, pero a veces está bien repetir aquello que nos convierte en gigantes. ¡Quiero vivir!
Y no de manera obligatoria.