Suenan de fondo ruidos y verbenas. Este calor me va a matar. Ya no queda mucha gente en la ciudad. Ya no queda mucha gente en quien confiar.
Tengo lava en mis venas. Estoy lleno de cosas que estallan por dentro. Siento que recorro calles aledañas que atestiguan mi lamento. Ansío el invierno.
"Tranquilo", me dicen. "Respira", añaden.
Estoy hastiado de esperar una llamada. Harto de poner siempre la mejilla. Agotado de apoyar causas perdidas. Cansado de sonreír cuando no lo siento. Exhausto de querer pero no ser correspondido.
Me muero de rabia al dedicar toda mi atención, toda mi energía y todo mi corazón en campañas en las que solo creo yo. Lucho incansable, porque sé todo el potencial que atesoro, pero nadie lo ve, nadie me da una oportunidad. Cansa seguir remando sin un acompañante.
Y es ahora cuando más te necesito que decides empujarme al mar. Decides separar nuestros caminos y yo me ahogo en gritos. Ya no sé en quién confiar. Decida lo que decida, la suerte siempre vuela a otros tejados. En alguna parte leí que no es suerte, sino azar. Que la suerte se crea y el azar es solo una posibilidad. Pues de algún modo, voy a tener que forjar mi propia suerte.
Y ya no confío en los colores, en las primeras impresiones ni en promesas que te rompen el corazón.
Estoy tan lleno de posibilidades y tengo tantas palabras que bregan por huir de mis manos, que lo único que puedo hacer de momento es utilizar mi rabia para escribir otros tormentos. Para crear ilusiones rotas y poner en boca mis palabras en la mente de otros.
Quiero dejar de sentirme abandonado. Quiero sentirme prioritario. Quiero sentir que tengo un motivo, que estoy aquí por algo. Salí de las marañas más oscuras y juré no volver ahí, pero en momentos como estos, a veces creo que el amor, en todos sus cabales, no está hecho para mí.
Lo único que me mueve es mi pasión, y por ella, si es necesario, resistiré este verano infernal.